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El pecado de tener una identidad
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El pecado de tener una identidad
Según los tratados internacionales, tener nombre y apellido es un derecho humano, pero en estos días en Guadalajara cuesta lograrlo.

 

Vacaciones afectan servicio en edificio de archivos públicos. Foto: Público

 

En esta esquina el pecado es haber nacido... haber nacido en una época de documentos, trámites y sobrepoblación, o al revés: el orden de los factores no altera el producto. La esquina es la de la avenida Alcalde y la calle Chihuahua. El producto es un acta de nacimiento, una certificación, una clave única de registro de población. En resumen, un papel que define quién es uno y desde hace cuánto, de qué vientre viene, si se conoce al padre, si el padre tuvo uno para él...

Tener nombre y apellido es un derecho humano, dicen los tratados internacionales. Intentar conseguir un acta de nacimiento esta mañana en Guadalajara violaría dos o tres garantías: el derecho a disponer de una mañana para trabajar, por ejemplo; el derecho al descanso de las nalgas y las piernas; el derecho a la rebelión en caso de no ser atendido por el monstruo burocrático después de dos horas.

Todo eso ocurre en la esquina de Alcalde y Chihuahua, en un edificio hecho de cajas de concreto, unas más altas que otras, todas color crema, todas con terminados de pastel de quinceañera, todas humeadas por fuera y grises por dentro. Objetivamente, quizá no son tan grises, tal vez son amarillas, cafés o verdes, pero da lo mismo; en el fondo son grises hasta la náusea porque carecen de objetos hermosos, jardineras con flores y bancas de colores chillones. Ni bancas hay.

Para que el gris no saliera de la monotonía, el edificio tiene un nombre congruente: Dirección General del Registro Civil del Estado de Jalisco, y más le vale no ir esta mañana. No vaya, por favor: corre el riesgo de nunca llegar a la oficina donde atienden.

“Es nomás ahorita: por las vacaciones estamos con poco personal”. ¿Cuáles vacaciones? ¿Qué tan poco personal? ¿La mitad? “Las de la Pascua, mija. ¿La mitad? Nooo, mucho menos”, informa la mujer de la entrada a la oficina a donde es posible que uno no llegue nunca.

Por lo menos es una tipa amable la de ayer. El lunes, una policía contestaba con cara de palo que había que preguntarle a los de la fila la información que se le solicitaba a ella: dónde había que formarse.

Porque las cosas no son sencillas en el edificio de Alcalde y Chihuahua: hay tres filas.

Alguna gente formada dijo que: la hilera humana que bordea el patio del edificio, bordea la fachada principal hacia el norte y bordea media cuadra de la calle Chihuahua —239 personas en punto de las once de la mañana— es para los que van por el acta de 50 pesos. La misma versión informó que: la fila que bordea el patio del edificio, bordea la fachada principal hacia el sur y remata a la vuelta, en un estacionamiento —193 personas a las once con cinco minutos—, es para los que van por el acta que cuesta doce pesos. Por esa razón se supuso que: la cola barata es para cambiar el acta vieja, original, por nueva, original, y la fila cara es para conseguir una original sin antecedentes. El problema es que la misma gente formada se contradijo con otra gente formada.

De la tercera fila de apenas 30 personas no hubo duda: es para que los mexicanos no jaliscienses soliciten la partida de nacimiento.

Ayer, jueves, los de la primera fila habían esperado dos horas antes de ingresar a la oficina en la cual tendrían que formarse luego en una caja; los de la segunda habían esperado dos horas antes de entrar a otra oficina, donde la que atiende cobra: “Por eso es más tardado”, explicaba la mujer de la entrada a ambas oficinas, la amable. Los de la tercera habían esperado una hora antes de entrar a una oficina donde no sabían si su trámite concluiría.

Los del final de la primera, la segunda y la tercera cola rogaban al cielo que les tocara estar cerca del final antes de las doce de la tarde: “A las doce se cortan las filas porque a la una las cajeras se levantan”, aclaraba siempre tan amable la mujer que custodiaba el ingreso a las oficinas.

En toda y cada una de las hileras de la Dirección General del Registro Civil del Estado de Jalisco es posible encontrar siempre de todo: ancianas de piernas varicosas, que comienzan a quejarse de la hinchazón justo a la mitad del camino y vecinas solícitas que les pasan el remedio que le funcionó bien a la tía. Madres jóvenes, con la criatura de tres meses en brazos, como María del Rosario Lara Quiñónez, que por alguna extraña razón a esas alturas de la vida necesitan la CURP y a las que nadie, nadie, cede un espacio más adelante. Parejas gay que piensan ir a establecer una sociedad conyugal a la ciudad de México, como es el caso de JJ y P y que, ahora que saben qué quieren, tienen la obligación de hacer constar quiénes son y de dónde vienen. Gente que aprovecha la cercanía de apenas unos metros de las gorditas El Gallo, para desayunar mientras esperan. Niños berrinchudos e inconscientes que no entienden que la vida de los adultos es documentos, edificios grises sin bancas de colores y filas de dos horas para hacer constar de qué vientre nacieron.

 

Fuente: www.milenio.com